
Profundo Cambio
Todo será ya diferente a partir de la fecha en que la madre vuelva al hogar con el recién nacido. El ritmo cotidiano se establecerá, por algún tiempo, según el horario conveniente para el bebé; pero ello no debe degenerar en una exigencia rigorosa; los bebés sanos soportan muy bien una variación de una a dos horas.
Los amigos antiguos serán visto con nuevos ojos, los llamados ojos paternos. Las relaciones con los recientes abuelos tendrán otra matiz, y surgirán algunos motivos de discusión, y lo que es todavía más importante: los dos consortes han de aprender a interpretar un nuevo papel. De marido y mujer se han convertido en padre y madre.
Los amigos antiguos serán visto con nuevos ojos, los llamados ojos paternos. Las relaciones con los recientes abuelos tendrán otra matiz, y surgirán algunos motivos de discusión, y lo que es todavía más importante: los dos consortes han de aprender a interpretar un nuevo papel. De marido y mujer se han convertido en padre y madre.
Muchas mujeres no aceptan gustosa y fácilmente esta nueva realidad. Los primeros días se concentran demasiado en su pequeño en el hogar, sin dejar sitio para el padre en la pequeña vida familiar. Con ello no hacen ningún bien al bebé, porque el hombre se siente celoso de aquella comunidad a dos, tan íntima.
Y, aunque este sentimiento no sea más que subconsciente, puede resultar nocivo durante toda la vida para sus relaciones.
Y, aunque este sentimiento no sea más que subconsciente, puede resultar nocivo durante toda la vida para sus relaciones.
El bebé viene a ser como un sismógrafo de la vida familiar, que registra cualquier trastorno que experimentan las relaciones entre sus padres como una aguja de estos aparatos tan sensibles registra un temblor de tierra. Por ello, es imprescindible que las puertas no se cierren con estruendo y que no vuele la vajilla. Inclusive unas voces de tono más elevado o una tensión inexpresada entre padre y madre ponen al bebé nervioso, llorón o sin apetito.
El mundo del bebé, que está formado por la confianza, el amor y la armonia, se pone a temblar en sus cimientos. Esto quizá sea un motivo suficiente para su llanto inmotivado, que amenudo también hace aparecer lágrimas en los ojos de la madre, que no sabe qué hacer. Para no iniciar esta reacción en cadena, tómese el siguiente lema desde el comienzo de la vida a tres: Conversación de los cónyuges: sí. Impertinencias, violencias, riñas: no. Polémicas o discusiones antes los ojos o los oídos del niño: ¡jamás!
Fuente:
Centro de Orientación Familiar
Edición Océano
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Centro de Orientación Familiar
Edición Océano












