El nombre
El nombre es uno de los elementos más característicos de distinción e identificación de las personas. El nombre propio es, por decirlo así, una marca para toda la vida. Es una parte integrante de la personalidad de cada ser humano. Sin embargo, y como es lógico, el bebé nada tiene que ver con la elección, que es de competencia de los padres, aunque muchas veces éstos están fluidos por circunstancias familiares o sociales.
A veces los padres no cuidan de escoger para su hijo un nombre bonito y no demasiado corriente; el nombre que ellos eligen ha de llevarlo su hijo durante toda la vida, y un nombre inadecuado o ridículo puede ocacionar penas o disgustos cotidianos.
A menudo no es fácil salirse de la influencia de ciertos nombres que estan de moda. Si se quiere evitar enojos y pérdidas de tiempo a los hijos, tampoco se les debe imponer cuatro o cinco nombres llamativos, para dar gusto a tías ancianas y sin herederos, o para satisfacer ciertas tradiciones familiares. Las autoridades y funcionarios estatales exigen siempre para la documentación, de manera clara, la indicación de los nombres con que una persona ha sido inscrita en el Registro Civil.
Estas circunstancias deberían hacer reflexionar a los padres conscientes, puesto que, según una encuesta realizada, una cuarta parte de la población no está satisfecha de su propio nombre.
El nombre es uno de los elementos más característicos de distinción e identificación de las personas. El nombre propio es, por decirlo así, una marca para toda la vida. Es una parte integrante de la personalidad de cada ser humano. Sin embargo, y como es lógico, el bebé nada tiene que ver con la elección, que es de competencia de los padres, aunque muchas veces éstos están fluidos por circunstancias familiares o sociales.
A veces los padres no cuidan de escoger para su hijo un nombre bonito y no demasiado corriente; el nombre que ellos eligen ha de llevarlo su hijo durante toda la vida, y un nombre inadecuado o ridículo puede ocacionar penas o disgustos cotidianos.
A menudo no es fácil salirse de la influencia de ciertos nombres que estan de moda. Si se quiere evitar enojos y pérdidas de tiempo a los hijos, tampoco se les debe imponer cuatro o cinco nombres llamativos, para dar gusto a tías ancianas y sin herederos, o para satisfacer ciertas tradiciones familiares. Las autoridades y funcionarios estatales exigen siempre para la documentación, de manera clara, la indicación de los nombres con que una persona ha sido inscrita en el Registro Civil.
Estas circunstancias deberían hacer reflexionar a los padres conscientes, puesto que, según una encuesta realizada, una cuarta parte de la población no está satisfecha de su propio nombre.
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Fuente:
Centro de Orientación Familiar
Edición Océano











