
Después de inicia la normal respiración del neonato, se le reconoce para ver si hay malformaciones visibles y si su sistema nervioso esta bien desarrollado, comprobando los típicos reflejos del recien nacido, como son el reflejo de búsqueda (el niño parece como si buscara con su boca cuando se le rozan los labios con un objeto; este objeto sera más tarde el pezón del pecho de la madre o la boquilla del biberón); el reflejo de succión (el niño succiona cuando se le aplica entre los labios un objeto, que igualmente será después el pecho materno); el reflejo de prensión palmar, cuando se le pone un objeto en la palma de la mano.
Otros varios reflejos sirven al puericultor para reconocer la normalidad del niño, reconocimiento que tiene gran trascendencia en estos primeros momentos de la vida, en que se puede intentar algo positivo para hacer desaparecer o impedir que progresen ciertas enfermedades del sistema nervioso.
Otros varios reflejos sirven al puericultor para reconocer la normalidad del niño, reconocimiento que tiene gran trascendencia en estos primeros momentos de la vida, en que se puede intentar algo positivo para hacer desaparecer o impedir que progresen ciertas enfermedades del sistema nervioso.


El aspecto exterior del niño, en cuanto a forma de su cuerpo, miembros, apariencia y color de la piel; la respiración normal, los reflejos normales, el peso superior a 2500 gramos y la talla no inferior a los 45 centímetros, son los datos que el médico busca para asegurar la normalidad del nuevo ser. Una exploración mas detenida de los órganos internos permite asegurar esa normalidad; estos datos se obtienen pasadas algunas horas, cuando el niño ya hecho su primera deposición, ha orinado y ha tenido ocasión de deglutir las primeras gotas de líquido que se le ofrecen.
Con un hilo esterilizado se estrangula el cordón umbilical y se corta después la porción q sobra. El extremo restante se empolva con un antiséptico, se cubre con una gasa esterilizada y se ata cuidadosamente con un cordoncillo elástico.
Después de pesar y medir al niño, se le viste y se le acuesta en su cuna, en una habitación con 27 grados centígrados de temperatura. Este calor suplementario solo es necesario, normalmente, durante las primeras doce horas; después, el niño, durante los primeros diez días, tiene las manos azuladas, no se debe al frío ni a una mala circulación sanguínea, sino a que los vasos sanguíneos periféricos son los más alejados del corazón.

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